Un niño nos nacerá y será
llamado Dios todopoderoso; en él serán bendecidos todos los pueblos de
Nascétur
Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, al acercarnos a las fiestas de Navidad, te rogamos
que tu Hijo, que se encarnó en las entrañas de
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Les enviaré al profeta Elías, antes de que llegue el día del Señor
Lectura del libro del profeta
Malaquías
3, 1-4.23-24
Esto dice el Señor:
"Miren, yo envío mi mensajero a prepararme el camino, y de pronto entrará
en el santuario el Señor a quien ustedes buscan, el mensajero de la alianza a
quien tanto desean; he aquí que ya viene, dice el Señor todopoderoso.
¿Quién podrá soportar el día de su venida? ¿Quién se mantendrá de pie en su
presencia? Será como fuego para fundir metales y como un blanqueador de ropa.
Se pondrá a fundir y a refinar
Yo les enviaré al profeta Elías antes que llegue el día del Señor, grande y
terrible; el hará que padres e hijos se reconcilien, de manera que, cuando yo
venga, no tenga que entregar esta tierra al exterminio".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Sal 24, 4-bc-5ab.8-9.10 y 14
Muéstrame, Señor, tus
caminos.
Respícite et leváte cápita vestra, quóniam appropínquat redémptio vestra.
Muéstrame, Señor, tus caminos,
muéstrame tus sendas; guíame en tu verdad, enséñame, pues tú eres el Dios que
me salva.
Muéstrame, Señor, tus caminos.
Respícite et leváte cápita vestra, quóniam appropínquat redémptio vestra.
El Señor es bueno y recto,
señala el camino a los pecadores, guía por la senda del bien a los humildes,
les enseña su camino.
Muéstrame, Señor, tus caminos.
Respícite et leváte cápita vestra, quóniam appropínquat redémptio vestra.
Todas las sendas del Señor son
amor y fidelidad para quien guarda su alianza y cumple sus mandamientos. El
Señor da su confianza al que lo honra, y le da a conocer su alianza.
Muéstrame, Señor, tus caminos.
Respícite et leváte cápita vestra, quóniam appropínquat redémptio vestra.
Aleluya, aleluya.
Rey de las naciones y piedra angular de la Iglesia, ven a salvar al hombre, que
modelaste del barro.
Rex géntium et lapis
anguláris Ecclésaiæ: veni, et salva hóminem quem de
limo formásti.
Aleluya.
Nacimiento de Juan el Bautista
† Lectura del santo Evangelio según
san Lucas
1, 57-66
Gloria a ti, Señor.
Cuando se cumplió el tiempo, Isabel dio
a luz un hijo. Sus vecinos y parientes oyeron que el Señor le había mostrado su
gran misericordia, y se alegraron con ella.
Al octavo día fueron a circuncidar al niño y querían llamarlo Zacarías, como su
padre. Pero su madre dijo:
"No, se llamará Juan".
Le replicaron:
"No hay nadie en tu familia que lleve ese nombre".
Se dirigieron entonces al padre y le preguntaron por señas cómo quería que se
llamara. El pidió una tablilla y escribió: Juan es su nombre. Entonces, todos
quedaron sorprendidos. De pronto recuperó el habla y comenzó a bendecir a Dios.
Todos sus vecinos se llenaron de temor y en toda la montaña de Judea se
comentaba lo sucedido. Cuantos lo oían pensaban:
"¿Qué llegará a ser este niño?"
Porque efectivamente el Señor estaba con él.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Señor, que el sacrificio de tu Hijo, que
es el acto de culto más perfecto que podemos ofrecerte, restablezca nuestra
amistad contigo; así celebraremos, con un corazón puro, el nacimiento de tu
Hijo. Que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.
La doble espera de Cristo
En verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre
Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
A quien todos los profetas anunciaron, la Virgen esperó con inefable amor de
Madre, Juan lo proclamó ya próximo y señaló después entre los hombres. El mismo
Señor nos concede ahora prepararnos con alegría al misterio de su nacimiento,
para encontrarnos así, cuando llegue, velando en oración y cantando su
alabanza.
Por eso,
con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin
cesar el himno de tu gloria:
[Misa]
Estoy a la puerta y llamo: si
alguien oye y me abre, entraré y comeremos juntos.
Ecce sto ad óstium et pulso:
si quis audíerit
vocem meam, et aperúerit mihi iánuam, intrábo ad illum, et cenábo
cum illo, et ipse mecum.
Oremos:
A quienes hemos participado de esta Eucaristía, concédenos, Señor, tu perdón y
tu paz, para que estemos siempre preparados a recibir dignamente a tu Hijo, que
vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.